Charlé un rato con Hugh Laurie, o 'Dr House'. Salió esto en La Nación:
El doctor Gregory House terminó su séptima temporada muy mal, incrustándose con su auto en el living de su ex novia y ex jefa. Y empezará la octava temporada todavía peor, en la cárcel, obligado por los capos del pabellón a entregar los calmantes que toma contra el dolor crónico de su pierna. Ha tenido un año pésimo, de esos que obligan a uno a hacerse grandes preguntas. ¿Vale la pena ser tan gruñón y sarcástico y tan exigente con los demás? ¿No debería intentar, por una vez, ser más agradable y más comprensivo? ¿No me merezco yo también ser feliz? Todos estos interrogantes, perfectamente válidos para personas razonables, no se aplican a House, que seguirá siendo, en la cárcel y fuera de ella, el mismo cabezadura insoportable y fascinante de siempre.
Cuando La Nacion le preguntó el miércoles pasado si esta nueva temporada de Dr. House (que se estrena en la Argentina el jueves 27, a las 22, en Universal Channel) era una oportunidad para ver una nueva faceta, más humilde o más derrotada de su personaje, Hugh Laurie se rascó por un segundo la barba y después dijo: "Nunca pensé a House como un tipo que le diera mucha importancia a la felicidad. No me parece que la felicidad sea un objetivo fundamental de su existencia". Y agregó: "Pero sí creo que es capaz de vivir momentos de gozo y que es capaz de sentir la adrenalina de la caza, el desafío de solucionar un problema. Eso es lo más parecido que llega a la felicidad". Algo parecido había dicho un rato antes David Shore, el creador de la serie: House es como es y es improbable que cambie, posiblemente para satisfacción de sus más de 60 millones de fans en todo el mundo, que lo quieren así como es, huraño pero querible, impiadoso pero honesto.
A pesar de esto, en el tercer episodio de esta nueva temporada algo parece quebrarse dentro de House. Dos veces recomienda -a un paciente millonario y súbitamente altruista y a una ex empleada indecisa sobre si volver a trabajar con él- que dedicarse a la familia y ser feliz es más importante que salvar el mundo. "Es cierto, pero House no necesariamente aplicaría estos consejos a su propia vida", dijo Laurie en el set de Dr. House , en Los Angeles, en uno de los estudios de 20th Century Fox. Ese es entonces el único progreso visible: House ahora admite que el runrún de la felicidad y la vida cotidiana puede ser beneficioso para otras personas, aunque no todavía para sí mismo.
Muy buena nota. Debe ser raro tratar con el humano detrás de un character tan peculiar. Dr House interpretando a un actor.
Publicado por: Gualterio | octubre 26, 2011 en 01:52 a.m.